Torremolinos

TRIBUNA LIBRE
Un poco guarros

Por Roberto Mingorance
10/06/2021
Me cuesta demasiado encontrar alguna acción del actual gobierno municipal que merezca ser calificada de lógica, oportuna, sensata o simplemente correcta. Casi todo lo que hace o decide tiene mucho o todo que ver con el oportunismo, el partidismo, la propaganda o la burda demagogia, descontada la manifiesta ineptitud.

Pero, queriendo ser justos y honestos, no estaría de más que, al menos por una sola vez, nos situáramos frente al espejo y llegásemos a la inequívoca conclusión de que, a la postre, somos (y que cada cual asuma su alícuota parte) bastante cerdos. En fin, que somos un poco o un mucho cochinos, por buscar un término que quizás parezca menos contundente.

La imagen que a diario ofrece Torremolinos, partiendo de los excrementos de perros (y perras, claro), hasta el depósito permanente de enseres y muebles fuera de su lugar o su horario supera negativamente con mucho los parámetros de cualquier sociedad tercermundista y, ciertamente, parece ya llegada la hora de reconocer que es tan guarro el que limpia poco como el que ensucia mucho.

Cualquiera puede oponer a mi razonamiento que, en todo caso, pagamos unos impuestos y una LITOSA amplia de plantilla para que las situaciones que describo no se produzcan. Y aún más allá: contamos con un numeroso cuerpo policial obligado a hacer cumplir las ordenanzas municipales que, en justicia, debería prodigarse en sancionar a los incumplidores para que, al menos, su escaso civismo les implicara también rascarse en bolsillo de vez en cuando.

Pero la verdad incontrovertible es que la "chupipandi" de Pepe Ortiz y sus mariachis no está para, efectivamente, utilizar los medios a su alcance para cambiar las cosas. Ellos están inmersos en otros asuntos. Andan siempre en la gran misión de tratar de contribuir a que Torremolinos no deje de ser un "paraíso de libertad", ejemplo mundial de respeto y promoción de lo LGTBI.

Descontada pues su incapacidad y desinterés, su torpeza y su irresponsabilidad, solo nos queda a los ciudadanos atenernos a nuestra propia conducta, y conducirnos como seres civilizados recogiendo las "ca cas" de la mascota o sacando a la calle el mobiliario inservible en su momento oportuno.

Predicar con el ejemplo es, sin duda, el primer gran paso para poder justificar nuestra crítica y reivindicación. Cuando todos podamos asegurar que no somos un poquito guarros, que realmente somos cívicos y ejemplares en nuestras conductas diarias, aún quedará más evidente el desprecio de Pepe y los suyos por su pueblo, por quienes lo habitamos y por la honestidad que representaría que pudieran justificar el buen sueldo que perciben.
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