Torremolinos

TRIBUNA LIBRE
Toca pesimismo

Por Roberto Mingorance
26/04/2021
Hoy toca pesimismo. Desesperanza. Casi resignación absoluta. Reflexiono y no logro encontrar mejor desenlace a mis cábalas que la rendición. Al final, tengo la impresión de que, efectivamente, a base de oídos sordos y desvergüenza, ellos se salen con la suya. No reaccionan a la crítica, por cierta y virulenta que se plantee. Su camino es la supervivencia política y su dios la complacencia con el cada día que suman al engorde de una cuenta corriente den la que jamás soñaron disfrutar en su anterior "vida civil".

Y es que, probablemente, al final la culpa es toda nuestra. Primero, por haberlos votado otorgándoles una distinción ética y representativa que en modo alguno merecen. Y segundo, por conformarnos con el lamento impotente en cualquier red social mientras ellos campan a sus anchas, nos aprietan más el cinturón y, borrachos de prepotencia, gastan a diestro y siniestro como pollo sin cabeza.

Quizás el problema está en que no sólo no nos respetan, sino que tampoco nos temen. Saben que cuando llegue el momento de volver al examen en las urnas su insultante ineptitud e irresponsabilidad acumulada durante años serán, en el peor de los casos, vagos recuerdos de unos pocos. Y la dichosa ideología, los eslóganes fáciles y, sobre todo, nuestra desidia permitirán incluso que puedan renovar mentiras y nóminas.

Cuesta, pero lo justo es reconocer que ese concepto tan manido de "sociedad civil" es una mera entelequia. No existimos como tal. Somos administrados egoístas y cobardes, que como mucho nos conformamos con levantar la voz en la barra de un bar –cuando se podía, antes de la pandemia–, para fogar allí nuestras frustraciones y confirmar nuestra impotencia para defender con uñas y dientes lo que es nuestro, incluidos nuestros derechos a ser informados puntualmente de lo que se hace con nuestras ilusiones y con nuestro dinero. Torremolinos, seguro que como mero átomo de cualquier universo mayor, "pasa un kilo" de la exigencia. Hemos llegado a la humana conclusión de que bastante tenemos todos con no olvidar la mascarilla al salir a la calle y dar cada día gracias a Dios por seguir sobreviviendo con la salud de nuestros más allegados.

Lo otro, lo que nos rodea, lo que nos hacen, importa menos. O nada. La política hace mucho que no tiene que ver con el concepto alumbrado por los griegos sabios que creían fielmente en la capacidad de los ciudadanos de marcar su futuro en órganos representativos formados por seres humanos rectos y capaces.

No se lo reprocho a nadie. Sólo entono el "mea culpa". Y cumplo a rajatabla el anuncio inicial de que hoy toca pesimismo. Y lo hago desde la profunda tristeza y amargura de quien no encuentra entre los "elegios" el mínimo atisbo de sabiduría que alimente la idea de que esto puede cambiar.

Tal como vamos, Torremolinos está condenado. Y cuanto antes empecemos a verlo, menor será la frustración a la que habremos de enfrentarnos.
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