Torremolinos

TRIBUNA LIBRE
El cascabel al gato

09/08/2018
La cuestión es bien sencilla. Alguien debería ponerle el cascabel al gato en cuanto a la imprescindible explicación formal que demanda el "arbolicidio" cometido en el instituto Palma de Mallorca de Torremolinos.

Todo apunta a que, por lo visto, de nuevo, nuestro Ayuntamiento es el autor material de la barbarie, aunque con la boca pequeñita el presunto concejal implicado, César Carrasco, junto con el No Adscrito Machío otra de las "mentes privilegiadas" de nuestra fauna política local, ha asegurado que, claro, "por consenso con la comunidad educativa", se decidió convertir el entorno del instituto en una suerte de Vietnam tras el paso de la aviación norteamericana, bombas napal incluidas. Y ya más adelante se colocarán allí otros ejemplares de especies menos "amenazantes" que las sacrificadas. O al menos eso dice.

Al parecer, todo comenzó porque, tiempo ha, algún pino en mal estado se derrumbó, con la consiguiente alarma y riesgo. Y como cabía esperar de estos "cerebros", se caen dos ejemplares y... se arrasa con todo. Muerto el pero se acabó la rabia.

Desde luego resulta ciertamente extraño que la Junta de Andalucía, tan diligente y represiva cuando a uno, poco menos, se le seca una maceta, no ofrezca la menor respuesta a la permanente denuncia de estos hechos presente en las redes sociales; ni ordene la inmediata toma de cartas en el asunto de los responsables públicos de Medio Ambiente o del mismísimo Seprona, especialmente diligente en ciertos casos pero, por lo visto, muy reacio a "mojarse" en el caso que nos ocupa o, por ejemplo, respecto a la "poda" (así le llaman a la tala generalizada de ejemplares) en los terrenos donde se prevé ubicar un futuro gran centro comercial.

Las imágenes hechas públicas hablan por sí mismas.

El Ayuntamiento de Torremolinos, por lo visto y comprobado, ha vuelto a hacer de las suyas. Y mientras, la Junta de Andalucía, como el Ayuntamiento está gobernado por el PSOE, se aplica al cumplimiento de aquel aserto popular de que entre bomberos no se pisan la manguera.

Será eso. Pero, insisto, pese a todo ello, alguien debería poner de una vez el cascabel a este gato.

Roberto Mingorance
www.elnoticierodigital.com
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