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Los precandidatos demócratas se enfrentan en su quinto debate con Trump como enemigo común

21/11/2019
Los demócratas que aspiran a desalojar a Donald Trump de la Casa Blanca de aquí a un año celebraron este miércoles un debate que no pudo competir con el proceso de "impeachment" que estos días monopoliza la política estadounidense.

El debate empezó a las 21.00 hora local de Atlanta (Georgia), exactamente 12 horas después de que en Washington el embajador Gordon Sondland admitiese en una declaración demoledora que todo lo que hizo en Ucrania fue bajo las directrices de Trump.

"Donald Trump no nos puede consumir", dijo en Atlanta el senador Bernie Sanders, al ser preguntado por el proceso de juicio político y al tratar de desviar su respuesta hacia los asuntos sociales de los que gusta hablar.

Conducido por MSNBC y The Washington Post, los organizadores del debate pusieron un inédito -al menos que se recuerde- panel de solo mujeres -Andrea Mitchell, Rachel Maddow, Kristen Welker y Ashley Parker- para dirigirlo.

Teniendo en cuenta que cuatro de los diez demócratas en Atlanta también eran mujeres -las senadoras Kamala Harris, Amy Klobuchar y Elizabeth Warren, además de la congresista Tulsi Gabbard-, los hombres quedaron por una vez en minoría sobre el escenario.

Las moderadoras inyectaron un gran dinamismo al debate, pero los constantes cambios de tema apenas permitieron a los candidatos confrontar sus propuestas ni, al final de las más de dos horas de gimnasia dialéctica, destacar por encima de los otros.

La periodista del The New York Times Sydney Ember, que siguió el debate desde una proyección en Iowa, el primer estado que acudirá este 2020 a las urnas, aseguró que mucha gente se marchó antes de que el evento llegue a su fin.

Algunos, quizás, ya habían pasado demasiadas horas pegados al televisor con una sonrisa de oreja a oreja para ver cómo Sondland ponía en apuros no solo a Trump, sino a media Casa Blanca, y el debate les supo a poco.

Los que desertaron se perdieron los momentos finales, cuando, al ver que se agotaban sus oportunidades, los candidatos trataron de destacar y ser recordados por algo, ya fuese por su sentido del humor o por intentar noquear a alguien.

El senador Cory Booker, cuya participación en el próximo debate peligra, bromeó con la posibilidad de que el exvicepresidente Joe Biden estuviese "drogado" cuando recientemente se opuso a legalizar la marihuana en Estados Unidos.

"La marihuana en nuestro país ya es legal para los privilegiados y esta guerra contra las drogas ha sido una guerra contra los afroamericanos y los latinos", dijo poniéndose serio para denunciar los estragos en estas comunidades del sistema de justicia.

Biden respondió que sí apoya la despenalización de la marihuana y defendió que su candidatura "sale de la comunidad afroamericana", al presumir de que tiene el apoyo de la "única" afroamericana elegida senadora en EE.UU., Carol Moseley Braun.

Atónita, a su lado, Harris, también mujer afroamericana, le tuvo que recordar su condición de senadora.

Biden ha evidenciado que no tiene una gran agilidad para debatir y sus meteduras de pata son algo más que ocasionales, pero sigue a la cabeza de la mayoría de encuestas, por delante de Sanders, Warren y del joven alcalde Pete Buttigieg.

El debate a fin de cuentas terminó sin víctimas, ya que pese a que Sanders había instado a sus colegas a no dejar que Trump les consumiera la iniciativa, el presidente se erigió como el enemigo común.

Los aspirantes hace semanas que han puesto sus cartas sobre la mesa para ganarse al votante demócrata y han demostrado casi cada vez que han tenido la ocasión que no están interesados en desgastarse entre ellos.

Sea como sea, la hasta hace poco hirviente contienda demócrata muestra síntomas de agotamiento y parece haber dejado paso al emocionante proceso de "impeachment" mientras espera que llegue su primera cita con las urnas, en febrero en Iowa.
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