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Las ejecuciones registran su cifra más baja en la última década, según Amnistía Internacional

10/04/2019
El número de ejecuciones registró en 2018 su cifra más baja de la última década con al menos 690 ejecuciones repartidas en 20 países, lo que significa ​una reducción del 31% con respecto al año anterior, según el último informe anual de Amnistía Internacional (AI) sobre pena de muerte.

Sin embargo, el informe no incluye las ejecuciones en China, cuyas cifras siguen clasificadas como secreto de Estado, aunque AI estima que fueron miles. A pesar de no publicar sus datos oficiales, la potencia asiática sigue estando considerada como la principal ejecutora del mundo; le siguen Irán, con más de 253 ejecuciones, Arabia Saudí (149), Vietnam (al menos 85) e Irak (al menos 52).

Aun acaparando más de un tercio de las ejecuciones registradas del mundo, Irán ha reducido un 50% sus ejecuciones debido a la reforma de su legislación antidrogas, por lo que ha bajado de 507 en 2017, a 253 en 2018. Una senda en la que le siguen otros países como Irak y Somalia, si bien el mayor descenso lo ha registrado Pakistán: sus ejecuciones pasaron de 60 en 2017 a 14 (como mínimo) en 2018, lo que supone una reducción del 77%.

De hecho, el secretario general de Amnistía Internacional, Kumi Naidoo, ha destacado que "el drástico descenso de las ejecuciones demuestra que, incluso los países más insospechados, están empezando a cambiar sus prácticas y a darse cuenta de que la pena de muerte no es la solución".

Tendencia abolicionista
AI señala en su informe el avance de la tendencia mundial hacia la abolición de la pena de muerte. Así, Burkina Faso abolió la pena de muerte en su nuevo Código Penal en 2018, mientras que Gambia y Malasia declararon sendas moratorias oficiales de las ejecuciones en febrero y julio, respectivamente, al igual que hizo California el pasado marzo. El estado de Washington, por su parte, declaró inconstitucional en octubre el estatuto de pena de muerte.

También cabe destacar que AI no ha registrado ninguna ejecución en Bahréin, Bangladesh, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Malasia y Palestina, donde sí se habían consumado en 2017. La organización tiene constancia de ejecuciones en 20 países, tres menos que en 2017 y 11 menos que en 1999.

Al terminar el año, 106 países habían abolido por ley la pena de muerte para todos los delitos. Y 142 la habían abolido en la ley o en la práctica. "Se trata de una señal esperanzadora que indica que es solo cuestión de tiempo que este castigo cruel quede relegado al rincón de la historia, donde debe estar", ha indicado Naidoo.

Reanudación de ejecuciones
En contra de la tendencia general, países como Japón, Singapur y Sudán del Sur han registrado los niveles más altos de ejecuciones desde hacía años​. Además, Botsuana, Sudán, Tailandia (que ejecutaron por última vez en 2016) y Taiwán (última vez en 2009) reanudaron las ejecuciones, aunque solo sumaron seis del total mundial.

Además, en Sri Lanka, el presidente Maithripala Sirisena ha manifestado su intención de reanudar las ejecuciones tras una pausa de más de 40 años, llegando incluso a publicar, un anuncio para buscar verdugos.

En Europa, solo Bielorrusia llevó a cabo ejecuciones en 2018, aunque duplicó la cifra de 2017, pasando de dos a cuatro. Al igual que Pekín, Minsk tiene clasificadas como secreto de Estado sus cifras de pena de muerte, pero se cree que dos presos condenados a muerte fueron ejecutados en mayo y, en noviembre, otros dos.

Tendencias por regiones
Por regiones, Estados Unidos, por décimo año consecutivo, es el único país que llevó a cabo ejecuciones en América (25). En cuanto a condenas a muerte, sólo Estados Unidos y Guyana dictaron esta pena, la cifra más baja registrada desde que Amnistía Internacional empezó a recoger datos en 1979.

En Asia y Oceanía AI pudo constatar un incremento de las ejecuciones en 2018: 136 en nueve países de la región, 43 más que el año anterior. Un aumento que se debe a que, en contra de su práctica habitual, las autoridades de Vietnam ofrecieron sus cifras. Cabe recordar que en las cifras no constan las ejecuciones que tuvieron lugar en China.

El número de ejecuciones en Oriente Medio y Norte de África descendió en un 41%: de 847 en 2017 a 501 en 2018, la cifra más baja de ejecuciones registrada en la región. Se tuvo constancia de ejecuciones en cinco países (Arabia Saudí, Egipto, Irak, Irán y Yemen), frente a los 10 de 2017​.

En cuanto a África subsahariana, cuatro países llevaron a cabo ejecuciones: Botsuana, Somalia, Sudán y Sudán del Sur. La reducción de las ejecuciones registradas en Somalia se tradujo en un descenso general en toda la región, que pasaron de 28 en 2017 a 24 en 2018, pese a su alarmante ascenso en Sudán del Sur.

Españoles condenados a muerte
Actualmente hay dos españoles condenados a muerte: Artur Segarra y Ahmed el Saadany Ghaly. El primero fue condenado a muerte el 21 de abril de 2017 en Tailandia, acusado del asesinato en Bangkok de otro español, David Bernat. En septiembre del año pasado su defensa presentó un recurso de apelación ante el Tribunal Supremo tailandés, pero todavía está pendiente de que se fije fecha para la vista. Si el Supremo decide en su contra, Segarra podría solicitar a la Casa Real que conmute la pena capital por la cadena perpetua.

Por su parte, Ahmed el Saadany Ghaly, quien cuenta con nacionalidad española tras haber vivido alrededor de 20 años en España, fue condenado a muerte en Egipto acusado de haber asesinado a su cuñado el 13 de diciembre de 2016 en un juicio sobre el que existen dudas en cuanto a su regularidad. Al parecer, no tuvo abogado a su disposición y su mujer y su hermano fueron golpeados delante de él. Su abogado ha recurrido la sentencia y ahora se encuentra a la espera de que el tribunal se pronuncie sobre este recurso.

En Estados Unidos, Pablo Ibar, español que permaneció en el corredor 16 años, está a la espera de una nueva sentencia que se conocerá en mayo. Su caso está siendo juzgado por cuarta vez después de que el Tribunal Supremo de Florida anulara el 4 de febrero de 2016 la condena a muerte por considerar que las pruebas contra él eran escasas y débiles. No se descarta que pudiera volver a ser condenado a muerte o en su defecto a cadena perpetua.
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